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HISTORIA
DE BRASIL :::
En 1453 los turcos bloquean la tradicional ruta de comercio europea hacia
las Indias, lo cual obliga a las potencias navales de la época a buscar
rutas alternativas. En esta carrera, son dos las potencias que inician el
camino: España y Portugal, seguidas por Inglaterra, Francia y Holanda.
Los primeros pasos tuvieron que ver con la circunnavegación del continente
africano, tarea en la cual Portugal llevó la indudable delantera.
natural en la contracosta del actual Morro de São Paulo. Esta colina
rocosa era conocida por los indios tupiniquins por el nombre de Tynhãréa,
es decir, "lo que se adelanta en el agua".
El poblamiento de la región debe ser enmarcado dentro de lo que fue
la división de la región en Capitanías Hereditarias,
donaciones de tierra efectuadas por el Rey a personas de su entera confianza
dispuestas a invertir en la región. El actual territorio del Estado
de Bahía, fue entonces dividido en tres Capitanías: Capitanía
de Bahía, entregada a Francisco Pereira Coutinho, con una extensión
de 50 leguas de costa, desde la desembocadura del Río São Francisco
hasta la punta de la Bahía de Todos los Santos, incluyendo las tierras
aledañas; la Capitanía de Ilhéus, donada a Jorge de Figueredo
Corrêa, que se extendía desde el estuario del Río Jaguaribe,
también hasta la Bahía de Todos los Santos, al sur de la Isla
de Itaparica y se extendía hacia el sur por 50 leguas, hasta la ribera
norte del Río Jequitinhonha; y la Capitanía de Porto Seguro,
que limitaba con la Capitanía de Ilheus hasta el Río Mucuri,
a cuyo frente fue designado Pero do Campo Tourinho.
A cada una de las capitanías se le otorgaron 10 leguas sobre el mar,
lo cual aseguraba el control de las islas a descubrir, y 10 leguas hacia el
interior del continente, llegando así el límite establecido
por el Tratado de Tordesillas.
De esas tres Capitanías, era a la de Ilhéus la que correspondía
el control sobre la Costa do Dendê.
Figueredo Corrêa, destinatario de dicha capitanía, prefiriendo
permanecer en la corte portuguesa, envió a su lugarteniente, el español
Francisco Romero quien, el 29 de junio de 1535, desembarca en la Isla de Tinharé
y bautiza a su colina con el nombre de Morro de São Paulo, fundando
allí una villa -población de mayor categoría que una
aldea, pero que no llega a la categoría de ciudad-. Allí se
establecen treinta "cristianos", que se dedicaron al cultivo del
algodón y, muy probablemente, a la explotación del palo-brasil.
Esta villa es una de las más antiguas poblaciones fundadas en el Brasil
y la primera de la Capitanía de Ilhéus.
No satisfecho con esto, siguió rumbo al sur, con tres navíos,
estableciéndose en la desembocadura del Río Ilhéus, donde
funda un poblado bajo el nombre de Vila de São Jorge dos Ilhéus,
en la cima del Morro de São Sebastião. Las casas de esta villa
eran de madera, con techos de hojas de palmeras, abundantes en la costa, como
así también un fuerte para defenderse de los ataques de los
indígenas y una capilla dedicada a San Jorge. Este poblado sirvió
de base para el establecimiento de la sede de la Capitanía y, si bien
Romero no tenía intenciones de permanecer en ella, inició los
trabajos de colonización de esas tierras mediante el establecimiento
de plantaciones.
Ilhéus tenía todas las condiciones para desarrollarse. Romero
era un excelente administrador y fomentó la instalación de colonos
mediante la donación de tierras abandonadas, pero esos colonos debían
ser figuras destacadas del reino que se comprometieran a cultivar la tierra.
También fomentó el comercio de la capitanía. Comienzan
a surgir así grandes haciendas e ingenios azucareros, que transforman
a la Vila de São Jorge en la más próspera y rica del
Brasil. Esos colonos-hacendados, al hacerse cada vez más fuertes económicamente,
enfrentaron a Romero con el objetivo de destituirlo; pero Jorge de Figueiredo,
capitán mayor y verdadero donatario de la capitanía, lo mantuvo
como gobernador lo cual implicó la emigración de muchas familias
hacia Pernambuco y otras regiones.
Hacia 1535, una misión parte desde la base de esta capitanía,
con la misión de fundar más poblados Cairú, Boipeba y
otros.
En Cairú se construyen un ingenio y una capilla, dedicada a San Antonio,
que, años más tarde se transformaría en la matriz del
Convento Franciscano de San Antonio (1654). El 19 de marzo de 1544, con el
objetivo de poblar de ingenios azucareros la región norte de la Capitanía
de Ilhéus, Figueredo Corrêa dona una sesmaría de 12 leguas,
entre el Río das Contas y el Río Camamú a Mem de Sá,
futuro gobernador general del Brasil y a Francisco de Betancor. Esa sesmaría
incluía gran parte de la isla de Boipeba y fue posteriormente donada
a los jesuitas quienes fundan en la desembocadura del río Camamú
una aldea de aborígenes tupiniquins. En 1561, el poblado es transferido
más hacia el sur, adoptando el nombre de Passagem do Macamamú.
El desarrollo económico de la región, fundamentalmente basado
en la industria azucarera, atrajo la atención de los franceses quienes,
con la intención de apoderarse de la región, comienzan con diversas
ofensivas contra un litoral muy mal protegido. Frente a esta situación,
el rey João III nombra un Gobernador General, Tomé de Souza,
quien llega a Brasil en enero de 1549, para desempeñar el cargo por
3 años. Según la opinión de algunos autores, Tavares
entre otros, la creación de esta nueva institución de Gobernador
General no era tenía por objetivo sustituir a las capitanías
Hereditarias pero sí centralizar el gobierno mediante la creación
de un centro político-administrativo, militar, judicial y fiscal. Hasta
donde se sabe, traía con él los títulos de Gobernador
de las Capitanías y Tierras de la Bahía y Gobernador de las
Capitanías y Tierras del Brasil. Cumpliendo estrictas órdenes
del gobierno central, el Gobernador General debía promover un sistema
de defensa del litoral, lo cual conduce a la fundación de la ciudad
de São Paulo en 1554; cobrar los diezmos debidos al Rey por todas las
Capitanías; fiscalizar los deberes de los donatarios y de los colonos
para con el Rey; juzgar delitos civiles y penales; combatir a los aborígenes
(ya sea mediante sistemas de alianzas con alguna tribu en contra de otra o
bien promoviendo conflictos entre ellas); promover la búsqueda de riquezas
minerales y desenvolver la industria naval y la catequización. Junto
con de Souza, llegaron al Nuevo Continente unas 1000 personas, entre colonos
y funcionarios menores enviados por la Corona, como así también
los primeros miembro de la Compañía de Jesús, bajo la
tutela del Padre Manuel de Nóbrega. Es durante este primer gobierno
general que se funda la ciudad de Salvador y se crea el Obispado de Salvador,
cuyo primer titular fue el Obispo Pero Fernández Sardina. También
se introduce el ganado, traído de Cabo Verde en 1551. Así, la
ganadería se une a la explotación de algodón y caña
de azúcar en las primeras unidades de producción otorgadas por
de Souza a los colonos.
En junio de 1553, llega a Brasil Duarte da Costa, segundo Gobernador General,
con quien también llegan más jesuitas. Su gobierno se caracterizó
por las constantes tensiones entre los miembros del gobierno, jesuitas y colonos.
Durante su segundo mandato se realiza la conquista de tierras aledañas
(recôncavo), ideales, por su composición calcárea, para
la producción de caña de azúcar. También se crea
una tropa regular asalariada para el combate contra los indígenas Men
de Sá, llegó en 1557 para desempeñar el cargo de Gobernador
General. Su mandato se prolongó por 15 años, muy a su pesar,
ya que desde Lisboa siempre se le negaba la posibilidad de regreso a la corte.
Si bien apoyó a los jesuitas en la tarea de evangelización de
los aborígenes también promovió el exterminio de los
indígenas. En la Bahía se dedicó a la construcción
de iglesias y finalizó las obras de la Santa Casa de Misericordia.
Pero su obra no se limitó a la Bahía. En 1555 los franceses
habían establecido una colonia en la Bahía de Guanabara y fue
Mem de Sá el responsable de su expulsión en 1560. También
fue el responsable de la introducción de 336 negros esclavos traídos
de África; asimismo se encargó de traer desde Portugal jóvenes
huérfanas para ofrecerlas en matrimonio a los colonos, situación
que agradó a la iglesia que condenaba la unión de dichos colonos
con indias. Entre 1557 y 1571comienzan a llegar los primeros portugueses a
las tierras actualmente pertenecientes al municipio de Valença, en
aquel momento vinculado a Cairú. Entre esos primeros colonos se destacaba
Sebastião de Pontes, rico señor dueño de ingenios azucareros
en las inmediaciones de Salvador, y quien fuera responsable por el inicio
de obras que dieron origen al poblado de Amparo (actual Valença), como
la implantación de un corral para ganado frente a la Isla de Tinharé,
en la
península que hoy es conocida como Ponta do Curral. Según se
cree fue por allí por donde ingresaron las primeras cabezas de ganado
introducidas en la Bahía. También se atribuye a Pontes la construcción
del Ingenio de Una y de una Iglesia consagrada a São Gens, que ya no
existe. Según la tradición, su administración acabó
bruscamente, en 1574, después de haber azotado a un vendedor ambulante
que lo insultara. En Portugal, dicho mercader consiguió llegar hasta
el rey para contar su historia; con la intención de apresar a Pontes
se envió un navío de guerra a Morro de São Paulo con
la excusa de que debía ser reparado; para no despertar sospechas, el
capitán hace una visita de cortesía a Pontes y lo invita a conocer
la embarcación. Una vez en ella, Pontes es encadenado y remitido a
Lisboa, donde terminó sus días en la prisión de Limoeiro.
Esta prisión provocó la decadencia de la región de Valença,
la cual fue tomada por los aimorés.
En 1563 se produjo una epidemia de viruela, lo que ocasionó la muerte
y dispersión de los Tupinambás, lo cual abrió el camino
a los Aimoré que llegaban desde el sur. Con la muerte de Men de Sá,
el puesto de Gobernador General pasó en forma interina a Fernão
da Silva, quien se desempeñaba como Oidor General y Proveedor Mayor.
El cuarto Gobernador General, Luíz Vasconcelos, falleció antes
de llegar a Brasil. Esta circunstancia llevó al rey a dividir la administración
de las tierras brasileras, nombrando dos gobernadores. D. Luiz de Brito e
Almeida asumió el Gobierno General de Bahía, Ilhéus,
Pernambuco y tierras más al norte y D. Antonio de Salema el gobierno
General de Porto Seguro, Espíritu Santo, Rio de Janeiro, São
Vicente y tierras más al Sur.
Esta situación, destinada a simplificar la administración de
la colonia, no hizo más que entorpecer la administración, por
lo cual el 12 de abril de 1577 la administración se devolvió
al control de un solo Gobernador General, Lourenço da Veiga, lo cual
redujo los gastos y el número de funcionarios que habían aumentado
considerablemente durante la época de la división.
En 1580, el Rey Felipe II de España hereda la corona Portuguesa. Durante
su reinado fueron frecuentes los ataques holandeses e ingleses a las costas
de Brasil. En 1597, los aimorés atacan la región de Tinharé
y de Nossa Señora de Amparo (fundada en 1571, por los Jesuitas en lo
que hoy es Valença) lo cual produce la huída de la población
y su dispersión por las islas. Durante el S. XVII, los esfuerzos de
colonización se concentran en la zona que se extiende entre Valença
e Itacaré donde se localizaba una sesmaría (tierra inculta)
jesuita. A comienzos de este siglo (1610) la familia Saraiva Goes ordena construir
en Morro de São Paulo la Iglesia Nossa Señora da Luz, en lo
alto de la colina, donde actualmente se encuentra el Faro. Esta región
pasa a tener como principal función la de ser productora de alimentos
y materiales de construcción para el abastecimiento de Salvador. Es
también en esta época que se produce un gran crecimiento de
la aldea de Boipeba, debido a la fuga de colonos desde continente, temerosos
de los ataques de los indios aimorés. Este crecimiento poblacional
conduce a la elevación de categoría de Boipeba, la cual se constituye
en Vila entre los años 1608 y 1610. La aldea abastecía de productos
tales como azúcar, legumbres, arroz, feijón, choclo, harina
y, sobre todo, maderas al Colegio de los Padres Jesuitas de Salvador. Para
esta época, Cairú se había transformado en una de las
más importantes Villas de la Colonia, desmembrándose de Ilhéus,
con el nombre de Vila de Nossa Senhora do Rosario de Cairú. En 1623,
los jesuitas fundan la Residencia de San Francisco Javier en lo alto de la
colina de Galeão, en la isla de Tinharé. Una flota holandesa
ingresa en la Bahía en 1624 y toma posesión de la ciudad de
Salvador, la cual es recuperada un año más tarde, por una fuerza
combinada de españoles, portugueses y nativos. Los holandeses comienzan
a realizar, entonces incursiones en regiones como Pernambuco.
Hacia 1627 Pieter Van Heyn, comandante holandés, envía una embarcación
hacia Morro de São Paulo, la cual estaba comandada por un portugués
conocido como "Mãozinha", con el objetivo de saquear la Isla.
La tradición popular cuenta que Nuestra Señora de la Luz hace
que los invasores vean las costas de la isla protegidas por un extenso batallón,
lo cual espantó a los invasores. No satisfechos con las expulsiones,
los holandeses -tradicionales enemigos de España- atacaron nuevamente
en 1630 y la expedición, patrocinada por la Compañía
de Indias Occidentales de Holanda, toma el control de las ciudades de Recife
y Olinda, en Pernambuco. Desde allí, organizan incursiones y se apoderan
de la mayor parte del territorio situado entre la Isla de Maranhão
y el Río São Francisco. Ese territorio pasa a ser administrado
por el Conde Mauricio de Nassau, quien hace de la explotación azucarera
la principal riqueza de la región. Esa explotación conduce al
Brasil a una era de prosperidad económica. En 1637 los holandeses invaden
el poblado de Passagem do Macamamu y, para evitar nuevos ataques, los señores
de los ingenios ordenan colocar grandes piedras en los canales de acceso al
puerto, las cuales dificultan aún hoy la navegación por esos
canales. Es interesante destacar que siguió la vieja tradición
urbanística lusitana de ciudad en dos niveles, lo cual facilitaba la
defensa contra las agresiones extranjeras desde el mar, como las producidas
por los aborígenes llegados desde el interior.
Estas incursiones obligan al Gobernador Diogo Luis de Oliveira o construir
la fortaleza de Morro de São Paulo. La conclusión de la obra
lleva casi 100 años para ser concluida y constituyó la estructura
del Forte Velho o Forte da Conceição. En 1652 se oficializa
el funcionamiento de este fuerte instituyéndose su primera guardia
fija en 1664; esa guardia era reclutada de entre los pobladores de la isla.
A lo largo del período colonial, Morro de São Paulo era una
especie de puerto libre. Sus aguas albergaban gran parte de los navíos
venidos desde la metrópoli o desde África tanto como embarcaciones
de cabotaje que, antes de entrar en la Bahía de Todos los Santos, realizaban
allí operaciones clandestinas de comercio, contrabandeando artículos
que hacían parte de las cargas que transportaban.
Pero en 1644, Nassau se aparta del gobierno, debido a sus diferencias con
la política que estaba llevando adelante la Compañía
de Indias Occidentales. Esta situación es aprovechada por los colonizadores
portugueses quienes, con el apoyo de tropas llegadas desde la metrópoli,
se revelan contra el dominio holandés. Tras 10 años de lucha,
los holandeses se rinden (1654) y en 1661 firman un tratado por el cual renunciaban
a sus pretensiones en territorio brasilero. La principal consecuencia de esta
expulsión es la pérdida de importancia de la industria azucarera
brasilera, la cual ya no sólo debe enfrentar la competencia del azúcar
de remolacha que se explotaba en Europa, sino también la competencia
del azúcar de caña que los mismos holandeses comenzaron a explotar
en las Antillas.
Cuatro años antes (1640), se había producido en la metrópoli,
una revuelta contra la soberanía española, con la cual Portugal
se desliga del gobierno español y, consecuentemente, Brasil retoma
su condición de colonia portuguesa. En general, portugueses y españoles
mantuvieron relaciones amistosas en el Nuevo Continente hasta 1680, año
en que los portugueses envían una expedición que ingresa en
el Estuario del Río de la Plata y funda, en la margen derecha del río
la Colonia do Sacramento. Ambas orillas del río pertenecían
a la corona española y eran el acceso a los ríos Paraná
y Uruguay, estratégicos en lo referente a la navegación interior
del continente.
La fundación de esa Colonia dio origen a una serie de conflictos por
la posesión de la región, los cuales fueron finalizados con
la mediación inglesa. Surge así República Oriental del
Uruguay, en 1828, especie de Estado-Tapón que garantizaba a Inglaterra
el acceso a los dos ríos y con ello, a la ampliación de su red
de control económico y de contrabando.
Como se mencionó anteriormente, el siglo XVI está marcado por
la producción de caña de azúcar,
principalmente en las zonas costeras de Bahía, Pernambuco y Rio de
Janeiro. Esa producción empleaba mano de obra esclava, especialmente
traída de África y se basaba en grandes latifundios cuya principal
figura era el "Señor del Ingenio", propietario de las tierras
y del Ingenio, que transformaba la materia prima en producto pronto para la
comercialización.
La expansión hacia el sur, fue precedida por la penetración
hacia el interior. Los Jesuitas ya habían comenzado su penetración
evangelizadora, a principios del siglo XVII, a lo largo del valle del río
Amazonas y antes de mediados del siglo, los bandeirantes paulistas habían
llegado al río Paraná. Las incursiones bandeirantes tenían
como principal objetivo la caza de aborígenes con el fin de esclavizarlos,
lo cual implicó la vigorosa reacción de los jesuitas, quienes
contaron con el apoyo de la corona. Mientras tanto, Tinharé sufría
la explotación creciente y extensiva de maderas lo que condujo, en
1680, a que la Corona tomara actitudes con el objetivo de regularizar la situación.
Dadas las circunstancias generales, los bandeirantes cambiaron su objetivo
y se dedicaron a la búsqueda de riquezas minerales. Es así que
hacia 1693 descubren ricos yacimientos de oro en la región de la actual
Minas Gerais. Este descubrimiento, con la consecuente fiebre del oro que generó,
atrajo millares de colonos portugueses. La economía colonial creció
aceleradamente, y aún más tras el descubrimiento de yacimientos
de diamantes en 1721. En este siglo XVIII, Cairú era la considerada
como la plaza más segura de la región nordeste para residir
y comenzó a albergar a muchos oidores y corregidores de la zona de
Ilhéus. Pero más tarde, y debido a los permanentes ataque de
los aimorés, entró en decadencia.
Esa fiebre del oro obliga al Virrey del Brasil, Vasco Fernades Cesar de Menezes,
a establecer un puesto de fiscalización en Morro de São Paulo,
instituyendo, así, un control al acceso a las minas de oro del interior.
Tres años después, ordena la extensión de las obras del
fuerte. Ordena construir en Forte da Ponta o Forte Tapirandú -hoy en
ruinas-. También son construidos los pequeños fuertes de Zimbeiro
y San Luis, en el sector alto de la colina, de los cuales hoy sólo
quedan algunos fragmentos. En 1739, también respetando órdenes
del Virrey, se inician las obras de construcción de la muralla que
hace parte del conjunto de la fortificación. Morro de São Paulo
era en esta época zona de producción de harina de mandioca,
la cual era enviada a Salvador para abastecer la alimentación de las
tropas portuguesas allí asentadas. En 1746, se inician las obras de
la Fuente Grande, bajo la dirección de un arquitecto francés,
cuya principal función era el abastecimiento de agua para las tropas
y población de la Villa. En 1750, el fuerte de Morro de São
Paulo contaba con 5 construcciones y baterías esparcidas a lo largo
de sus casi 700 metros de muralla, como así también con 51 piezas
de artillería y una guarnición de 183 hombres, lo cual lo transformaba
en uno de los principales puntos de defensa del territorio.
En 1750, España y Portugal firman el Tratado de Madrid, por el cual
se ratifican los reclamos brasileros de una amplia zona al oeste de la línea
impuesta por el Tratado de Tordesillas. Si bien el Tratado de Madrid fue anulado
años más tarde, sus preceptos fundamentales fueron mantenidos
por el Tratado de San Ildefonso de 1777.
El Marqués de Pombal, Primer Ministro y Secretario de Estado de Relaciones
Exteriores de Potugal, realizó diversas reformas en la administración
de Brasil durante el gobierno del rey José I. Libertó a los
esclavos indígenas, estimuló la inmigración, redujo los
impuestos, disminuyó el monopolio real sobre el comercio exterior colonial,
centralizó el aparato gubernamental y trasladó la sede del gobierno
de Salvador a Rio de Janeiro, en 1763. Debido a su creciente influencia entre
los indígenas, y a su poder económico cada vez mayor, Pombal
consiguió expulsar a los Jesuitas, lo que provocó numerosos
problemas como, por ejemplo, la crisis del sistema educativo que, hasta el
momento, estaba monopolizado por la Orden.
En 1774, una fuerte tempestad daña seriamente la fortaleza de Morro
de São Paulo. Las obras de reconstrucción sólo son iniciadas
en 1797, tras grandes polémicas en la corte sobre la real necesidad
de recuperar la fortificación. Para este entonces, los dos fuertes
menores eran ya un conjunto de ruinas. En 1799, y por iniciativa de Baltasar
da Silva Lisboa, Oidor de la Comarca de Ilhéus, Santo Amparo es elevada
a la categoría de Villa, con el nombre de Nova Valença do Santísimo
Coração de Jesús, separándose, así de Cairú
y sólo en 1832 alcanzaría el status de comarca El Siglo XVIII
en su conjunto está marcado por los conflictos de intereses entre la
población de la Capitanía de Bahía y la administración
central de la Colonia. Sin lugar a dudas, Brasil, como el resto de las colonias
americanas, se caracterizaba por ser esencialmente productor de materias primas,
función asignada a todo el Nuevo Mundo por la economía central
dominante en ese siglo. Algunos de estos conflictos sólo apuntaban
a replantear la citación de Brasil en la economía-mundo, mientras
que otros apuntaban a la independencia como única manera de resolver
la situación. En 1711, el Motín de Maneta -o Motin de Diciembre-
y el Levantamiento de Terço Velho ponen de manifiesto la insatisfacción
de la población por las condiciones de abandono en que se encontraba
no sólo la ciudad de Salvador, sino toda la capitanía bahiana
en general. El primero de estos movimientos -Motin de Maneta- protestó,
esencialmente, contra el elevado costo de los artículos importados
y contra los altísimos impuestos que los habitantes eran obligados
a pagar para mantener la seguridad en la colonia, como así también
por las altas regalías que se enviaban a la Metrópoli.
Entre 1794 y 1798 la Conjuración de los Alfaiates, también conocida
como Inconfidencia Bahiana o Sedición de los Mulatos, marca un hito
en la historia bahiana. Este se caracterizó por ser una de las manifestaciones
anticolonialistas del estado, y del país en general. Las ideas iluministas
jugaron, en este movimiento, un rol fundamental: los bahianos reclamaban la
fundación de la República, la igualdad ante la ley, sin importar
raza, y que el origen del poder emanase del pueblo. En un estado donde negros
y mulatos predominaban, la minoría europea era la que usufructuaba
el poder mientras aquella mayoría mulata y pobre era la más
castigada con la cobranza de impuestos.
El 12 de agosto de 1798, este movimiento colocó en puntos estratégicos
de la ciudad, 11 boletines sediciosos, que reclamaban la igualdad de derechos
sin distinción de raza, la igualdad entre la colonia y la metrópoli
y la apertura del puerto de Salvador al comercio mundial, el cual, hasta entonces,
estaba sólo limitado al comercio con Portugal.
Los sediciosos fueron denunciados; muchos de ellos fueron enviados a prisión
mientras otros tantos fueron muertos en acciones represivas. De cualquier
forma, algunos de los postulados sediciosos fueron recogidos y llevados a
la práctica. El 28 de enero de 1808, por el Decreto Apertura de Puertos
del Brasil, se permitía a todos los puertos coloniales, incluidos los
de la Bahía, el libre comercio con cualquier país del mundo.
Sin embargo, esa apertura de puertos no debe ser considerada exclusivamente
como una victoria del movimiento revolucionario, ya que causas de orden externo
también influyeron de forma decisiva en dicha apertura. Según
algunos autores, como Alencar, la apertura de puertos respondía a exigencias
inglesas que deseaba explorar el creciente mercado que las colonias portuguesas
proporcionaban.
Las Guerras Napoleónicas influyeron decisivamente en ese y otros aspectos.
En noviembre de 1807, un ejército napoleónico es enviado hacia
Portugal a través del territorio español, situación por
la cual el regente, príncipe D. João, junto con la mayor parte
de la corte portuguesa, abandonan Lisboa para trasladarse a las tierras coloniales,
bajo la protección británica. La presencia de la familia real
en Brasil favoreció de forma fundamental a la Bahía con beneficios
tales como la creación de la Escuela Médico Quirúrgica
(posterior Facultad de Medicina de Bahía), la fundación de la
Compañía de Seguros de Comercio Marítimo y la aprobación
de una resolución favorable a la instalación de industrias en
la colonia y la creación de escuelas de enseñanza superior.
El príncipe João estableció en Rio de Janeiro la nueva
sede del gobierno regio, desde donde se dedicó a fomentar reformas
y mejorías para el Brasil. En 1816, João fue coronado con el
nombre de João VI. Poco tiempo después, y de forma progresiva,
el gobierno real comienza a perder prestigio debido a su creciente nivel de
corrupción. El sentimiento republicano resurge, ahora también
incentivado por los movimientos emancipadores de las vecinas colonias españolas.
En Europa se había instalado un movimiento liberal constitucionalista
que determinó la Revolución Constitucional de 1820 en Porto
y en Lisboa. Al año siguiente, un movimiento conocido como Pronunciamiento
del 10 de febrero de 1821, marca la adhesión de la Bahía a ese
movimiento liberal. En Bahía, este movimiento fue liderado por prisioneros
políticos desde la cárcel de Aljube; este movimiento evidenciaba
la voluntad d e los bahianos de participar en la redacción de la Constitución
que regiría los destinos de Portugal y sus colonias y que permitiría
establecer derechos para la capitanía bahiana y obligaciones para la
metrópoli.
El gobernador Conde de Palma, respondiendo a las presiones de la población,
establece una Junta Provisoria de Gobierno, con sede en la Cámara Municipal
de Salvador. Dicha Junta, en la cual estaban representados los principales
sectores de la sociedad -iglesia, comercio, ejército y agricultura-,
si bien se declaraba liberal, no terminaba de cortar los lazos de subordinación
que la unían a Portugal, lo cual irritaba a los revolucionarios que
desde 1821 luchaban por la independencia. La actitud de la Junta se evidenció
cuando juró obediencia a la corona portuguesa, a la Iglesia católica
y a la constitución que la Corte elaborase. Así fue que fueron
elegidos diputados por la Bahía para participar de la redacción
de esa constitución, la cual regiría para el Reino Unido de
Portugal, Brasil y Algarves. Cuando dichos diputados llegaron a Portugal,
la discusión referente a la constitución estaba ya avanzada,
lo cual los colocó en situación de divergencia con los portugueses.
Mientras que los representantes brasileros (bahianos, pernambucanos y paulistas)
deseaban autonomía para Brasil, los portugueses luchaban por el retroceso
de las condiciones otorgadas, como la libertad de comercio.
Frente a esta situación, se plantearon diversos movimientos a favor
de la independencia de Bahía y del Brasil, tanto en Salvador como en
las regiones cercanas; esos movimientos fueron sistemáticamente reprimidos
por las fuerzas portuguesas asentadas en la capital bahiana. Las cámaras
de las ciudades del interior reclamaban la formación de un Poder Ejecutivo,
ejercido por D. Pedro, quien ya había sido proclamado en Rio de Janeiro
como Defensor Perpetuo y Constitucional del Brasil. La fuerza militar portuguesa
impedía las sesiones de las cámaras, lo cual condujo a la agudización
de los conflictos.
En 1821, poco antes de retornar a Portugal D. João nombra a su hijo
Pedro como Príncipe de Brasil. Don Pedro es obligado a viajar a Europa,
pero en 1822, y respondiendo a las súplicas de los nativos, anuncia
su negativa de regresar a la corte de Lisboa y convoca a una Asamblea Legislativa
que se reúne en junio. En septiembre, y ante la negativa de las Cortes
portuguesas de hacer mayores concesiones al nacionalismo brasilero, D. Pedro
proclama la independencia del Brasil, transformándose en el primer
emperador del país.
En 1823 Lord Thomas Cochrane, junto con sus tropas, establece en la Bahía
de Tinharé la base de operaciones de la primera escuadra brasileña,
la cual actuaría en el ámbito de las luchas de independencia.
Durante este período, parte de los cañones de reserva de la
artillería del Fuerte de Morro de São Paulo, serían transferidos
a Salvador.
Son
numerosos los acontecimientos que preceden al episodio conocido como Independencia
de la Bahía. Salvador, base de los portugueses, se encontraba sitiada
por tropas bahianas que impedían la entrada de provisiones. El 1 de
julio, ya superados por el aislamiento, los portugueses comienzan a abandonar
la ciudad a bordo de embarcaciones mercantes y militares, lo cual permite
que el día 2, las tropas bahianas ingresan en la ciudad, marcando la
Independencia de la Bahía. Esta fecha, 2 de julio de 1823, también
se consolidó la separación política entre Brasil y Portugal,
al dejar de existir apoyo para los portugueses que, llegados desde Europa,
venían a luchar por la monarquía portuguesa.
A partir de este momento, se instaló en Bahía un período
de gobierno Monárquico Constitucional Unitario y se aceptó a
D. Pedro, quien ya ejercía el cargo de Emperador del Brasil, como Emperador
de Bahía. Como con el episodio de la Carta Constitucional Portuguesa,
Bahía estaba atrasada en el proceso de independencia del país.
Con esta independencia de la Bahía se torna viable el proceso de consolidación
del Imperio brasilero. Diversas actitudes tomadas por D. Pedro, como la transferencia
a Rio de Janeiro del Sargento Mayor Silva Castro, oficial destacado en la
lucha de independencia de Bahía, ponen de manifiesto las intenciones
de centralizar el gobierno en Rio de Janeiro. Algunos estados como Pernambuco,
Paraíba, Alagoas, Rio Grande do Norte y Ceará se desligan del
poder ejecutivo central, creando la Confederación de Ecuador, que pretendía
la separar a dichas provincias de las órdenes emitidas desde Rio. Mientras
tanto, Bahía se dividía entre dos aguas: obedecer irrestrictamente
al emperador o aliarse a las otras provincias del Nordeste.
El levantamiento del Tercer Batallón (Periquitos) ponía de manifiestos
el descontento de la población bahiana en lo referente a la administración
del Emperador y hasta llegó a verse envuelto en una guerra civil entre
adeptos y adversarios a la Monarquía. Mientras tanto, ya circulaban
rumores referentes a la instalación de una República. Debido
a estas circunstancias. Pedro I pierde gran parte de su prestigio y con ello,
mucho del apoyo popular con el que había contado al asumir el Imperio.
La guerra contra Argentina por la posesión de la Banda Oriental contribuye
en gran medida a ello y en 1831, el Emperador se vio forzado a abdicar a favor
de su hijo, Pedro II quien, en ese momento, sólo contaba con cinco
años de edad.
Las regencias gobernaron en Brasil por casi una década, la cual está
marcada por la agitación política, las revueltas y los levantamientos
en las provincias. Hacia 1840, un movimiento que contaba con gran apoyo popular,
presionó al Parlamento, el cual decretó la mayoría de
edad de Pedro II. Cuatro años después, se construye en Valença
una fábrica de tejidos, la tercera del Estado, y en menos de 10 años
de funcionamiento se transforma en la mayor del país. João Monteiro
Carson, responsable por la construcción de esta fábrica, es
también el encargado de llevar adelante la construcción del
Farol de Morro de São Paulo. Pedro II se destacó como uno de
los monarcas más inteligentes de su época. Durante su reinado,
la población y la economía crecieron llegando a tasas sin precedentes.
La producción nacional creció más del 900 %; se construyó
la red ferroviaria e intervino activamente en política externa, apoyando
movimientos contrarios a Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires
(Argentina). También formó parte de la Triple Alianza, junto
con Uruguay y Argentina, en la guerra contra el Paraguay, entre 1865 y 1870.
Unos años antes (hacia 1859), el emperador visita la ciudad de Salvador,
donde es recibido con gran entusiasmo; desde allí fue conducido a Morro
de São Paulo y a Valença, momento en que se inaugura la segunda
fábrica de tejidos mientras que la fábrica ya existente recibe
el título de Fabrica Imperial. Este mismo año, se inaugura una
fábrica de vidrios y varios aserraderos, lo cual conduce a elevar a
Valença a la categoría de Ciudad Industrial. Es dable destacar
que ambas fábricas de tejidos fueron fundadas sobre la base del trabajo
libre y asalariado, en una época que se revalorizaba el trabajo esclavo.
Hacia 1887 las dos fábricas de tejidos se unen dando origen a la fábrica
Valença Industrial. A partir de entonces, se inicia la gran urbanización
de la ciudad, con la implantación del sistema de abastecimiento de
agua y la red de distribución de energía eléctrica. En
lo referente a política interna, una de las principales decisiones
tuvo que ver con la abolición de la esclavitud. El tráfico de
esclavos africanos estaba prohibido desde 1853; en los años siguientes,
se organizó una campaña cuyo objetivo era la emancipación
de 2,5 millones de esclavos. La primera victoria se dio en 1871 cuando se
aprobó la legislación referente a la libertad de vientres. Por
diversas razones, entre ellas los perjuicios ocasionados por la Guerra del
Paraguay, el sentimiento republicano escaló posiciones y el ideario
liberal se extendió por todo el país. Esto determinó
que en 1885 fueran libertados los esclavos mayores de 60 años y en
mayo de 1888 se decretó la libertad de todos los esclavos aún
existentes. Indudablemente, esta abolición de la esclavitud tuvo serias
consecuencias, entre ellas, la oposición que los grandes señores
latifundistas comenzaron a ejercer contra el Emperador.
Según varios autores, a pesar del federalismo que caracterizaba y animaba
la vida de Bahía hacia fines del siglo XIX, uno de los mayores problemas
del Brasil en general, era encontrar un régimen político que
garantizara la unidad del país. A pesar de los esfuerzos de D. Pedro
II por mantener el Imperio a toda costa, las ideas republicanas eran cada
vez más fuertes y la proclamación de la república estaba
cada vez más próxima. En Bahía se organizan 3 partidos
políticos: 2 de carácter ya tradicional -Conservador y Liberal-
y el Republicano, cuya representatividad dentro del estado era escasa.
El 15 de noviembre de 1888 se produce la Proclamación de la República,
en Rio de Janeiro. La noticia llega a Salvador por la noche mediante telegrama
enviado por Rui Barbosa, entonces Ministro de Hacienda del Gobierno provisorio.
Por dicho telegrama, también se nombraba Gobernador de la Bahía
a Manuel Victorino Pereira. Salvador se transformó en escenario de
manifestaciones de desaprobación por parte de políticos y militares
bahianos. La ciudad se dividía entre quienes adherían a la República
y los que juraban obediencia al Emperador. Líderes militares republicanos
consiguen, proclamar la República en Bahía el 16 de noviembre.
A pesar de esto, el estado permaneció sin gobernador hasta el 18 de
noviembre en que es designado para el puesto Virgilio Damásio. Este
renunció el 23 de noviembre a favor de Manuel Victorino, tradicionalmente
liberal. Por eso sorprendió cuando se unió a los políticos
del Partido Conservador para llevar adelante cambios en los sistemas de salud
y educación, desagradando a liberales y republicanos. Estos últimos
promovieron un movimiento que condujo a la renuncia de Victorino el 23 de
abril de 1890. Esta renuncia, al contrario de lo que esperaban los republicanos,
implicó el ascenso del grupo conservador con el nombramiento de Hermes
Ernesto de Fonseca como Gobernador del estado.
Esta situación demostró que eran los liberales y los conservadores,
grandes hacendados del Recôncavo y del Sertão (región
semi-árida), quienes realmente detentaban el poder político
mientras que los republicanos eran escasamente representativos en la Bahía,
a pesar de que un año antes (1889) el Mariscal Manuel Deodoro de Fonseca
había liderado una revuelta militar en Rio de Janeiro, que tuvo como
consecuencia la renuncia de D. Pedro II y la Proclamación de la República.
Deodoro de Fonseca separó la Iglesia del Estado y promovió otras
reformas de corte republicano; la redacción de la Constitución
se completó en junio de 1890. Similar a la constitución norte-americana,
comenzó a regir los destinos del país en febrero de 1891, transformando
al Brasil en una república federal, oficialmente llamada Estados Unidos
del Brasil. Deodoro de Fonseca fue, consecuentemente, su primer presidente.
Los primeros años de la nueva república se caracterizaron por
la turbulencia política. El autoritarismo de Fonseca generó
una gran oposición en el Congreso que es disuelto en noviembre por
el presidente, quien comienza a gobernar de manera dictatorial. En ese mismo
mes de noviembre, una revuelta liderada por la Marina depuso al presidente;
el vicepresidente, Floriano Peixoto, asume el cargo. Los problemas no desaparecen
y una serie de revueltas militares y navales, como levantamientos en el sur,
muestran el descontento general contra el gobierno autoritario de Peixoto.
Mientras tanto, en bahía es electo Luiz Vianna en 1896, como gobernador
del estado; durante su mandato se produce la Guerra de Canudos. Este poblado
surgió bajo la guía religiosa del Beato Antonio Conselheiro
(Antonio Vicente Mendes Maciel) y cobijaba un gran número de fieles,
en su mayoría ex esclavos, indios y toda clase de excluidos, que encontraban
apoyo y acogida en medio de las difíciles condiciones de vida del semi-árido
nordestino. El pueblo se emplazaba en la región de la Sierra de Cambaio
y del Valle del Río Vasa-Barris y su comunidad se basaba en ideales
puramente religiosos. Pero representaba una amenaza para el Gobierno central
ya que no aceptaba disposiciones legales como el casamiento civil y el registro
de los recién nacidos; además, su comunidad había crecido
muy rápidamente lo que dificultaba su control por parte de las autoridades
republicanas, ya que los pobladores sólo obedecían las órdenes
del Beato Conselheiro, considerado portavoz de Dios en la Tierra. Sabiendo
los riesgos que implicaba no aceptar el régimen central, Belo Monte
siempre estuvo preparada para enfrentar las amenazas de invasión y
poseía un rústico arsenal.
Varias tentativas de las fuerzas armadas fracasaron en su intento de acabar
con la supuesta conspiración monárquica instalada en Canudos,
pero fueron exterminando gradualmente a los 25.000 habitantes del poblado.
Sólo la quinta expedición consiguió, el 5 de octubre
de 1897, exterminar a los pocos pobladores que aún resistían.
Unos días antes, el 22 de septiembre, había muerto Antonio Conselheiro.
Durante la administración del primer presidente civil, Prudente José
de Morais Barros, se restableció el orden de manera gradual. En 1898,
es elegido presidente Manuel Feraz de Campos Sales, antiguo gobernador de
São Paulo, quien adoptó enérgicas medidas para restablecer
la deteriorada economía nacional. Mediante la contratación de
un empréstito en el exterior, fortaleció las finanzas y expandió
el comercio y la industria brasileras.
De 1896 a 1912 el desarrollo general de Bahía acompaña el proceso
del Brasil en su totalidad. Es en la primera década del S. XX que las
divergencias en cuestiones políticas se hicieron evidentes entre los
diferentes grupos que surgían, apoyando uno u otra candidatura para
la sucesión en el gobierno del estado. Estas divergencias tuvieron
como corolario el bombardeo de Salvador, el 10 de enero de 1912, durante el
mandato de João Ferreira de Araujo Pinho.
Este
bombardeo, además de causar estragos y confusión entre la población,
provocó las más variadas confusiones políticas que llegaron
a afectar al entonces presidente Hermes de Fonseca. Pocos días después
del bombardeo, era elegido como gobernador del Estado J. J. Seabra. Como consecuencia
del bombardeo al Palacio de Gobierno, una lámpara estalló, dando
lugar a un incendio que destruyó 30 volúmenes de obras rarísimas
y colecciones de los periódicos más antiguos del país.
Tras 4 horas, la bandera nacional del Palacio de Gobierno fue sustituida por
una bandera blanca, lo cual dio fin al bombardeo.
La expansión del café y del caucho habían fortalecido
la economía brasilera pero entre 1906 y 1910 la caída del precio
del café en el mercado mundial generó una aguda crisis en el
país, crisis que se agrava, hacia fines de ese período, con
la caída del precio del caucho. Estas situaciones generaron disturbios
socio-políticos lo cual desemboca en la elección, prácticamente
sin oposición, de Wenseslau Braz Pereira Gomes, en 1914. Con el inicio
de la 1ª Guerra Mundial, Brasil recupera nuevamente un importante lugar
en el comercio de café, caucho y azúcar, lo cual alivia las
dificultades económicas del país. Brasil había adoptado,
frente a la contienda mundial, una política de neutralidad pero los
frecuentes ataques alemanes a los navíos brasileros provocaron la ruptura
de relaciones diplomáticas con Alemania en agosto de 1917. En octubre
del mismo año, Brasil entra en la guerra, del lado aliado y se enviaron
unidades navales a las regiones en conflicto. Además de contribuir
con dichas naves, Brasil inicia su contribución a las tropas aliadas
con alimentos y materias primas.
La crisis económica de 1922 disminuyó la producción industrial,
obligando al gobierno a disminuir gastos. Dos años más tarde,
en julio de 1924, se produce la llamada Revolución de 1924, cuyos principales
protagonistas fueron la clase media paulista juntamente con jóvenes
tenientes. La mayor parte del ejército se mantuvo fiel al presidente
Artur da Silva Bernardes, quien había asumido la presidencia en 1922;
tras 6 meses de enfrentamientos, la revolución fue derrotada y Bernardes
decretó la Ley Marcial, la cual fue mantenida hasta el final de su
mandato. Su sucesor, Washington Luiz Pereira de Souza, debió afrontar
el agravamiento de la crisis económica, lo cual provocó numerosas
huelgas así como la mayor radicalización de la vida política.
Las huelgas fueron declaradas ilegales por el gobierno (agosto de 1927), se
adoptaron fuertes medidas en contra del comunismo.
El 3 de octubre de 1930 se inicia, en el sur del país, una revolución
que se expande a casi todo el país. Ese mismo día, en Salvador,
la población reacciona contra los pésimos servicios prestados
por la Compañía Línea Circular de Bahía y la compañía
eléctrica, ambas pertenecientes al mismo grupo empresarial de origen
canadiense. Debido a diversas actitudes de la Compañía Circular,
la población atacó e incendió los ómnibus de la
empresa que se encontraban en las calles. También fueron atacadas las
instalaciones de la empresa de aviación francesa Condor y de la General
Electric, que funcionaba en el sector superior del Elevador Lacerda -inaugurado
en septiembre de ese mismo año- donde fueron destruidas máquinas
de escribir y documentación diversa.
La protesta contra la elección de los candidatos Prestes Maia /Vital
Soares, quienes habían derrotado a los candidatos Getílio Vargas/Joao
Pessoa en las elecciones presidenciales se transforma en batallas callejeras.
El gobierno de Bahía, fiel a la línea del gobernador Vital Soares,
ahora vicepresidente electo, debía enfrentar la reacción popular.
Las tropas se acuartelan en los Fuertes de Barbalho, Montserrat y São
Joaquim ya que la invasión a la ciudad era inminente. Contrariamente
a lo esperado, la invasión se produjo por el arsenal de Marina que
se localizaba frente a la Iglesia de Conceição da Praia.
Mientras tanto, el candidato derrotado, Getúlio Vargas, conseguía
el apoyo de numerosos líderes políticos y militares y lideró,
así, una revuelta contra el gobierno. Después de tres semanas
de enfrentamientos, Pereira de Souza -presidente saliente- es depuesto y Vargas
asume la presidencia.
Con el objetivo de minimizar la crisis económica, Vargas redujo la
producción de café y compró el excedente de producción
para destruirlo. Los gastos ocasionados por este programa ocasionaron al gobierno
graves problemas financieros por lo cual, se suspendió el pago de la
deuda externa. En 1932, la llamada Revolución Constitucionalista, originada
en São Paulo, fue duramente reprimida después de tres meses
de enfrentamientos.
Para calmar la agitación general reinante en el país, Vargas
convoca una Asamblea Constituyente en 1933 Al año siguiente es promulgada
la nueva constitución, entre cuyos nuevos artículos se destacan
el reconocimiento de los derechos de los estados, el sufragio femenino, la
seguridad social para los trabajadores y la elección de los futuros
presidentes por el Congreso. Consecuencia de esta última, es la elección
de Vargas, el 17 de julio. Durante el primer año de su mandato constitucional,
Vargas debió enfrenta la dura oposición del ala radical del
movimiento sindical. Fracasadas en Pernambuco y Rio de Janeiro las revueltas
comunistas (noviembre de 1935), es decretada la ley marcial y el congreso
autoriza a Vargas a gobernar por decreto. Tras esto, el gobierno ordenó
la persecución y arresto de los radicales, lo cual generó un
gran descontento general, que alcanzó grandes dimensiones, mientras
una organización de extrema derecha -Acción Integralista Brasilera-
sumaba cada vez más adeptos entre la clase media brasilera. En noviembre
de 1937, días antes de la elección presidencial, Vargas disuelve
el Congreso y proclama una nueva constitución por la cual se otorgaba
poderes absolutos y dictatoriales. Así, reorganiza el gobierno sobre
los modelos totalitarios alemán e italiano, aboliendo los partidos
políticos e imponiendo la censura en la imprenta y correos. Así,
Vargas crea el denominado Estado Nuevo, negándose a convocar un plebiscito
para aprobar la nueva ley orgánica. Por sucesivos decretos, amplió
los derechos sociales de los trabajadores, consiguiendo el apoyo de una parte
considerable de la población. El único desafío serio
que su régimen debió enfrentar fue el proveniente de los integralistas
quienes, en 1938, organizaron una revuelta, la cual fue sofocada pocas horas
después de surgida. A pesar del carácter totalitario de su régimen,
Vargas mantuvo relaciones cordiales con Estados Unidos y otras democracias,
mientras que su postura frente al Tercer Reich era ambigua. Dicha ambigüedad
fue resuelta cuando, en 1942, submarinos alemanes atacaron navíos mercantes
de bandera brasilera en las cercanías de la costa de Valença.
Los pasajeros de las embarcaciones fueron rescatados por y aquellos que se
encontraban heridos fueron trasladados para el hospital que se improvisó
en el predio del Sindicato de Trabajadores de las Industrias de Hilado y Fabricación
Artesanal de Tejidos. Vargas toma partido por los aliados y comienza su participación
en la Segunda Guerra Mundial.
Esta alianza le proporciona una serie de beneficios: el caucho, como otras
materias primas esenciales en la guerra favorecen el regreso del Brasil a
una era de progreso económico. Las bases aéreas y navales, construidas
en puntos estratégicos de la costa, se transforman en importantes centros
aliados en la guerra submarina, mientras que la armada brasilera asume el
control del Atlántico Sur. Entre 1944 y 1945, la denominada Fuerza
Expedicionaria Brasilera, participa en acciones en territorio italiano.
Mientras tanto, en el orden interno, crecía el descontento contra la
dictadura de Vargas. En 1945, un grupo de propietarios de periódicos
presionó al presidente para suprimir la censura en la imprenta. El
28 de febrero, el gobierno convoca a elecciones para el año siguiente
y en forma gradual, se eliminan todas las restricciones a la actividad política
y en abril se otorga la amnistía a todos los presos políticos,
inclusive a los comunistas. A pesar de la convocatoria a elecciones, crecía
el temor de que Vargas pretendiese quedar en el gobierno indefinidamente.
En octubre de 1945, un golpe militar obliga a vargas a renunciar y nombra
a José Linhares, entonces presidente del Supremo Tribunal Federal,
como presidente provisorio. En diciembre se realizan las elecciones que consagran
al ex Ministro de Guerra, Euricio Gaspar Dutra, como nuevo presidente. El
Congreso, nuevamente electo, redactó una nueva constitución
que fue aprobada en septiembre de 1946.
En 1947, la ciudad de Petrópolis fue sede de la Conferencia Panamericana
para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad; fruto de esta Conferencia
es el Tratado Interamericano De Asistencia Recíproca, firmado por Brasil
en el mes de septiembre. El tratado establecía la defensa recíproca
de los países firmantes contra cualquier agresión armada directa
a cualquier país miembro.
Ya en 1947, en plena Guerra Fría, una revista rusa publica un artículo
en el cual el presidente Dutra es mostrado como una marioneta del gobierno
norteamericano, lo cual determina el fin de las relaciones diplomáticas
entre Brasil y la URRS. Pocos meses después, el Legislativo decide
revocar los mandatos de todos los comunistas del Parlamento: un senador y
catorce diputados fueron apartados de sus cargos.
En 1950 se convoca nuevamente a elecciones. Getúlio Vargas derrota
abrumadoramente a los dos candidatos rivales y asume la presidencia en enero
de 1951. El nuevo presidente formó un gabinete de coalición,
con representantes de todos los partidos mayoritarios. Se tomaron medidas
inmediatas para equilibrar el presupuesto nacional y se desenvolvió
un programa para reducir el costo de vida, aumentar los salarios y ampliar
las reformas sociales. A pesar de ello, la inflación y el alto costo
de vida, continuaban dominando la escena.
Por otro lado, aumentaban constantemente las actividades clandestinas de los
comunistas y del nacionalismo, que culminan con la campaña Nuestro
Petróleo, que obligó al gobierno a nacionalizar dicho producto,
en septiembre de 1952. En síntesis, el programa de austeridad del gobierno
motivó serias críticas de los conservadores contrarios a Vargas.
En agosto de 1954, durante las elecciones parlamentarias el mayor Rubem Vaz,
quien ejercía a custodia del periodista Carlos Lacerda, fue asesinado
en un confuso episodio que pasó a la historia como Atentado de la Toneleros.
El incidente afectó de lleno al Palacio de Catete, sede del Gobierno:
comandos militares obligaron a Vargas a renunciar. En las primeras horas de
la madrugada del 24 de agosto, Vargas entregó el poder al vicepresidente
Joao Café Filho y, pocas horas después, se suicidó.
Juscelino Kubitscheck, consiguió el apoyo de los seguidores de Varga
como así también el de los comunistas, y cos estos apoyos logró
imponerse en las elecciones de 1955. Desde la Presidencia, Kubitscheck anunció
un ambicioso plan económico de desarrollo quinquenal. A partir de ese
momento, el Banco de Exportación-Importación de los Estados
Unidos asumió el control de la deuda externa brasileña, que
superaba los 150 millones de dólares. Mientras tanto, eran aprobados
los planos para la construcción de la nueva capital en Brasilia.
En Bahía, la economía estadual no permitía la evolución
hacia la industrialización; pero en 1949 la situación cambia
cuando la empresa PETROBRÁS inicia la exploración de campos
petrolíferos en el interior bahiano y se instala la Refinería
Landulfo Alves en Matarife. Poco después, con la creación del
SUDENE junto con una fuerte política de incentivos fiscales,
coadyuvan al fortalecimiento de la industrialización del nordeste brasileño.
El desenvolvimiento industrial comienza a disminuir debido a la caída
de los precios del café en el mercado mundial, hacia mediados de la
década del ´50. Esto agrava el proceso inflacionario lo cual,
a su vez, condujo al aumento de la crisis social, llevando a frecuentes huelgas
y disturbios por parte de trabajadores y estudiantes.
El nuevo presidente, Jânio da Silva Quadros, implantó un austero
programa económico; entre las medidas adoptadas, se destaca la reducción
del 30% de los gastos de todos los ministerios y promovió la reducción
del número de empleados públicos. Uno de sus principales objetivos
era barrer con la corrupción que, según él, se había
propagado en los órganos de gobierno durante la administración
anterior. En agosto de 1962, Quadros presentó su renuncia, sin dar
explicaciones y sólo alegó que fuerzas ocultas conspiraban contra
su gobierno. Fuerzas militares intentaron evitar que el vicepresidente João
Belchior Marques Goulart asumiese la presidencia, alegando que era simpatizante
del régimen cubano de Fidel Castro.
Debido a esto, se establece un acuerdo por el cual el Legislativo enmienda
la Constitución introduciendo el Parlamentarismo en el país,
con lo cual se privaba a la Presidencia de muchos de sus poderes; el poder
ejecutivo es atribuido a un primer ministro y a un gabinete, ambos oriundos
del poder legislativo. En estas condiciones, Goulart se hace cargo del gobierno
en septiembre de 1961. Según Análise & Dados, hasta el inicio
de la década de 1960, el comercio bahiano estaba concentrado en la
exportación. Caña de azúcar, algodón, harina y,
por último, el cacao, eran los principales productos de ese comercio,
para nada preocupado con el consumo interno del Estado. Con la industrialización,
el comercio se hace más dinámico, pero el estado de apatía
continúa instalado en el seno de la economía bahiana; las ventas,
exportaciones y empleos ya no conseguirían alcanzar los niveles de
la época dorada de la exportación.
Un año más tarde, Goulart convoca a un plebiscito por el cual
el pueblo se manifiesta a favor del sistema presidencialista, lo cual determinó
que el Legislativo tornara la decisión popular en ley. El 1964, Goulart
intentó aprobar en el congreso una serie de reformas básicas;
con esa legislación se inauguraba una nueva era en la legislación
referente a los derechos de los trabajadores; se nacionalizaron las refinerías
de petróleo, se expropiaron las tierras improductivas y se limitaron
las exportaciones. Aún así, las medidas no parecían más
que agravar la inflación crónica del país. El 31 de marzo,
un golpe de estado retiraba a Goulart de la presidencia, obligándolo
a huir a Uruguay. El Mariscal Humberto Castelo Branco, comandante en jefe
de las fuerzas armadas, asumía la presidencia.
El nuevo régimen, dotado de poderes extraordinarios, proscribió
los partidos políticos de oposición, particularmente los de
izquierda, y limitó los derechos políticos de casi 300 personas.
También se adoptaron versiones moderadas de varias reformas de Goulart
y se combatió la inflación mediante el control de salarios y
el aumento de impuestos, entre otras medidas. Por ley aprobada en 1965, se
suprimieron las libertades civiles, se amplió el poder del gobierno
y se suspendieron las elecciones generales que estaban convocadas para ese
año. En 1966, el ex Ministro de Guerra, Artur da Costa e Silva, asume
la presidencia, como candidato de la Alianza Renovadora Nacional (ARENA);
el Movimiento Democrático Brasilero (MDB), único partido de
oposición legal, se excusó de presentar candidato como medida
de protesta al veto gubernamental a los candidatos con más oportunidades
de conquistar la victoria electoral. En consecuencia, la ARENA también
triunfa en las elecciones legislativas, tanto nacionales como estaduales.
Costa e Silva lideró un gobierno de neto corte militar cuyo objetivo
fundamental era el desarrollo económico. El año 1968 quedó
marcado por las actividades antigubernamentales, entre las cuales se destacaban
las revueltas estudiantiles; de cualquier forma, la economía continuaba
su desarrollo a pasos agigantados. En diciembre, el presidente decreta el
AI-5 destinado a imponer serias restricciones a las actividades políticas.
Debido a una grave enfermedad, Costa e Silva abandona la presidencia y lo
sucede Emilio Garrastazu Médici, quien intensificó la represión
lo cual produce una intensificación de las actividades de los grupos
revolucionarios. La economía continuaba creciendo y el progreso se
expandió a lo largo y ancho del país pero, al mismo tiempo,
se agudizaba la crisis energética, la inflación estaba totalmente
descontrolada y la balanza comercial se encontraba en total déficit.
Frente a esta citación, la Iglesia Católica alzó su voz
para criticar los fracasos del gobierno en lo referente a mejorar las condiciones
de vida de las camadas más pobres de la población.
A partir de 1967 la industria del turismo comenzó a ser fortalecida
en Bahía, para lo cual fueron creados órganos como BAHIATURSA,
CONBAHIA y EMTUR y comenzaron a implantarse proyectos de valorización
de los recursos naturales y del Patrimonio Histórico. En la década
de 1970, Morro de São Paulo es redescubierto por el turismo hippie
y comienza gradualmente a ser conocido por el turismo nacional e internacional,
principalmente por la publicidad informal (boca a boca). En 1974, el General
Ernesto Geisel, hasta entonces presidente de la Petrobrás, asume la
presidencia del país. Con él, se inicia el gradual proceso de
redemocratización del Brasil. Este proceso es interrumpido por el llamado
Paquete de Abril, que él mismo decretó en 1977. Geisel fue sucedido
en la presidencia por el General Joao Baptista de Oliveira Figueiredo, quien
hasta entonces se había desempeñado como Ministro del Servicio
Nacional de Informaciones.
Tras 21 años de gobierno militar, la democracia retorna al país
en 1985, con la elección de Tancredo Neves como nuevo presidente. Pocos
días antes de asumir la presidencia, debe renunciar a ello debido a
una grave enfermedad. La presidencia es asumida por el vicepresidente electo,
José Sarney, quien, frente a la inmensa deuda externa y una inmensa
inflación, promovió un programa de austeridad que incluía,
entre otras medidas, una nueva unidad monetaria: el cruzado. Una nueva constitución,
denominada Constitución Ciudadana, fue promulgada en 1988. Una de las
grandes innovaciones de dicha constitución fue decretar las elecciones
libres en todos los niveles. En diciembre de 1989, Fernando Collor de Melo,
del Partido de la Reconstrucción Nacional -de tendencia conservadora-
gana las primeras elecciones libres realizadas en el país en casi 30
años.
Collor de Melo adoptó un drástico programa anti-inflacionario,
que sólo contribuyó a empeorar la situación de recesión
del país. Su popularidad también se vio fuertemente dañada
debido a las duras acusaciones de corrupción que se levantaron tanto
contra él cono contra otros miembros de su gobierno. En Junio de 1992,
Brasil fue sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
y Desarrollo, también conocida como ECO-92, la cual reunió a
más de 100 líderes mundiales. Mientras tanto, la cámara
de diputados juzgaba la conducta del presidente. La Cámara de Diputados
aprueba en septiembre la destitución de Collor, decisión ratificada
en diciembre por la Cámara de Senadores, que también le suspende
sus derechos políticos por 8 años. El vicepresidente, Itamar
Franco, asume la presidencia.
La prioridad era restaurar la economía y reducir la deuda externa,
por lo cual se pone en práctica, el denominado Plan Real en 1994, creado
por el entonces Ministro de Economía, Fernando Enrique Cardoso.
En octubre de ese año, Fernando Enrique, candidato del Partido Social
Democrático Brasilero (PSDB) se enfrenta en las elecciones a Luis Inácio
Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT), a quien
derrota en el primer turno de elecciones. Fernando Enrique presentó
una serie de reformas al Congreso cuyo objetivo era rediseñar el Estado
brasilero. Con el objetivo de profundizar esas reformas, Cardoso movilizó
los sectores que lo apoyaban en el Congreso para introducir una enmienda en
la Constitución que habilitara su reelección. Mientras tanto,
las medidas adoptadas para minimizar los efectos de la crisis asiática
en la economía del país provocaron una gran insatisfacción
en la población, especialmente en las grandes ciudades, donde el desempleo
creció significativamente.
Las trasformaciones de la economía brasilera a lo largo de la década
del 90 se reflejan en las oscilaciones sufridas por la economía de
Bahía; hoy en día esa economía estadual se sustenta en
tres pilares esenciales: turismo, industrias de transformación y automovilísticas.
El Morro de São Paulo, es el 3er. mayor polo turístico del estado de Bahia, que apesar de todo el pasado de historias, de derrotas y de glorias, viene cresciendo en un ciclo único de urbanizació sin dejar de proteger sus bellezas naturales.

Sin
embargo, el 12 de octubre de 1492, mudaría el panorama al colocar al
continente americano en el centro de la nueva escena, incorporándolo
a la historia mundial.
Si bien es la Corona Española la primera en internarse en el Nuevo
Continente, Portugal no demoraría en iniciar sus incursiones. En 1494,
estos dos reinos firman el Tratado de Tordesillas por el cual se reparten
los nuevos territorios descubiertos y por descubrir. Por este tratado, Portugal
gana una franja litoránea que se extendía desde la actual ciudad
de Belem, en la desembocadura del Río Amazonas, hasta la ciudad de
Laguna, en Santa Catarina. El 2 de abril de 1500, el navegante lusitano Pedro
Álvarez de Cabral, desviado de su viaje a las Indias Orientales llegó
a la actual Bahía de Cabrália y la reclamó formalmente
para la Corona portuguesa. El territorio recibió el nombre de Terra
de Vera Cruz. Un año más tarde, el 1 de noviembre de 1501, llega
a la actual Bahía de Todos los Santos, una expedición especialmente
enviada por la corona portuguesa, la cual estaba liderada por Gaspar de Lemos
y de la cual era parte el navegante italiano Américo Vespuccio. Esta
nueva Bahía, incorporada a los mapas de navegación por Vespuccio,
fue de vital importancia ya que se transformó en local de abastecimiento
y renovación de agua potable así como punto de acondicionamiento
de las naves que proseguían viaje hacia las Indias Orientales, por
la ruta del Cabo de Buena Esperanza (Sur de África).
El nombre de Terra de Vera Cruz fue cambiado por Santa Cruz y finalmente por
Brasil, en referencia al palo-brasil, árbol que abundaba en la región
y cuya madera fue una de las primeras exportaciones de la nueva tierra. Esta
materia prima, ya conocida en Europa como colorante para la industria textil
de Italia, Francia y Flandres se cuenta como la primera exportación
de la nueva colonia, atrayendo a muchos portugueses que se instalan aquí
para su producción y comercialización y también a muchos
franceses que se dedicaron a su contrabando. La primera mitad del siglo XVI
está marcada por el proceso de conquista, colonización y poblamiento
del territorio de la Bahía de Todos los Santos, Salvador, Porto Seguro
e Ilhéus, desde donde partieron expediciones de dominio y control hacia
el interior, más específicamente hacia los actuales territorios
de Minas Gerais, Piauí y Maranhão.
En 1531, Martim Alonso de Souza, militar y administrador portugués,
comanda una expedición encargada por Don Juan III, el Colonizador,
y cuyos objetivos esenciales eran: recorrer el litoral desde Maranhão
hasta el Río de la Plata; impedir el comercio ilegal de palo-brasil
realizado por los franceses y fundar los nuevos núcleos lusitanos en
el Nuevo Mundo. Martim A. de Souza es, hasta donde se sabe, el primer europeo
en pisar las costas de lo que hoy se denomina Costa do Dendê, y casi
con absoluta certeza se puede afirmar que ancló su flota en un puerto
